Algunas orientaciones para leer las parábolas de los evangelios

Tenemos en los Evangelios sinópticos un buen número de parábolas, por lo menos unas 35. Las solemos leer en la liturgia de los domingos, también los días de semana. ¿Cómo las leemos? ¿Se pueden leer como leemos las narraciones de los milagros o las narraciones de la muerte y resurrección de Jesús? ¿Cómo las interpretamos? Quisiera compartir con vosotros unas breves notas que nos pueden ayudar a leer con provecho las parábolas.

  1. Lo primero que hay que recordar es que la parábola es un relato ficticio, una historia ficticia. La parábola no tiene sentido en ella misma. Tiene su sentido en relación con un segundo término con el que se relaciona. Una parábola hay que leerla en relación con un elemento que se encuentra fuera de ella.  Por ejemplo, la parábola del tesoro escondido en el campo, que el trabajador encuentra. El sentido de la parábola no está en el tesoro mismo, sino en la relación que tiene el tesoro con el Reino de Dios. El Reino de Dios se parece a un tesoro escondido. No empecemos a explicar el tesoro en sí mismo, sino en relación con el Reino de Dios. Hay que tener en cuenta siempre el otro término de la comparación. Esta sería una observación elemental, pero importante al acercarnos a las parábolas, porque su género literario es especial
  2. Después de esta observación elemental, quisiera recordar que las parábolas tratan  generalmente de una actuación, de un comportamiento. El terreno de las parábolas no es el de las ideas, de verdades presentadas por ellas mismas, sino de la conducta, de la acción, de la praxis. Puede ser la acción de las personas, o también de la naturaleza. Jesús recurre mucho a la naturaleza en las parábolas. Hay que subrayar el carácter dinámico de las parábolas. Nunca se dice que el Reino de Dios se parece a un paisaje, o a un edificio ya terminado, que estamos invitados a admirar su belleza. El Reino de Dios no es tampoco un estado, una manera ejemplar que se nos propone. Más bien, es una historia que se está realizando, una historia en crecimiento. Esto supone un comportamiento, una acción de que hablan generalmente las parábolas.

En cuanto al comportamiento, las parábolas pueden dividirse en dos grupos: las que hablan del comportamiento de los oyentes, y las que hablan del comportamiento de Jesús o de Dios.

a). Las parábolas que hablan del comportamiento de los oyentes son muchas.

* Así, un ejemplo a seguir es el comportamiento del samaritano (Lc 10, 30-37).  Es un ejemplo que se propone a todos los oyentes.

* Dos ejemplos para no seguir: la historia del rico insensato (Lc 12, 16-20), y la historia del hombre rico y del pobre Lázaro (Lc 16,19-31).

* Los oyentes son invitados a seguir el ejemplo del obrero que encontró un tesoro en el campo, y del comerciante que encontró una perla preciosa (Mt 13, 44-46).

* Ejemplos para no seguir: el comportamiento del siervo sin misericordia (Mt 18,23-34), el ejemplo de los viñadores homicidas (Mc 12,1-9), el ejemplo de las doncellas descuidadas (Mt 25, 1-12). (cf. también Lc 16, 1-8; Lc 14, 28-33; Mt 7,24-27).

En todos estos casos siempre se habla de  la conducta, de la acción. Jesús habla a los oyentes para recordarles la conducta  a la que les invita a seguir, o la conducta que deben evitar.

b). Comportamiento de Dios. Jesús habla también del comportamiento, de la conducta de Dios, pero no para quedarse sólo en esa conducta, sino para recordar las consecuencias que tiene esa conducta para los oyentes. Algunos ejemplos:

* La parábola del padre y del hijo: “¿Quién de vosotros a quien el hijo pide pan le da una piedra?  ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas, cuánto más el Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan” (Mt 7,9-11). El comportamiento  del padre de familia para con su hijo debe hacer comprender lo que es el comportamiento de Dios para con los hombres que se dirigen a Él en la oración.

* La parábola del siervo sin misericordia (Mt 18,23-35) habla del perdón de Dios, de la actitud de Dios, pero para inculcar una enseñanza: la obligación de perdonar a los hermanos.

* Jesús afirma que el Padre del cielo hace salir el sol sobre malos y buenos, y hace caer la lluvia sobre justos e injustos (Mt 5,45). La atención de Jesús se centra aquí sobre la conducta de los oyentes como prolongación de la conducta de Dios: si Dios no hace diferencias, los oyentes tampoco deben hacerlas, y deben amar a los enemigos. La conducta de Dios debe tener consecuencias para la conducta de los oyentes.

c). El comportamiento de Dios en relación con el comportamiento de Jesús. Hay parábolas que quieren hace comprender el comportamiento de Dios en relación con el comportamiento de Jesús. Por ejemplo, tenemos la parábola de la oveja perdida (Mt 18, 12-13). Hay personas que critican a Jesús porque trata con los pecadores, y Jesús les habla de Dios. El pastor que va en busca de la oveja pedida representa a Dios. Pero para conocer esto, Jesús les propone su propio comportamiento. La manera de actuar de Jesús debe hacer comprender la actitud de Dios. Si Dios actúa de esa manera ¿por qué yo no puedo tratar con los pecadores? La actitud de Jesús con los pecadores se comprende desde la actitud de Dios, pero al mismo tiempo,  esta parábola nos ayuda a comprender la misión de Jesús, siempre en relación  con el comportamiento de Dios Padre (cf. también Lc 15,8-32; Mt 20,1-15).

Creo que estos ejemplos son suficientes para recordar la importancia que tienen en las parábolas los comportamientos, las actitudes. Tratan de hacer comprender a los oyentes la conducta que se espera de ellos, y ayudarles a que descubran el sentido del comportamiento de Jesús, y en este comportamiento de Jesús los oyentes deben descubrir la acción salvadora de Dios Padre. La lectura de las parábolas no se puede reducir a una verdades generales.

  1. Las parábolas como instrumentos de diálogo. Hemos recordado que las parábolas generalmente hablan de actuación, de comportamiento. Esto se explica porque Jesús tenía entre los oyentes generalmente personas que veían las cosas de manera distinta de Él. ¿Qué hace en estos casos? ¿Darles una enseñanza abstracta como un profesor? ¿Entrar en discusión con ellos? ¿Corregirles con verdades evidentes? Lo que hace es invitarles al diálogo. Les recuerda que hay alguien que no piensa como ellos, y les invita a la reflexión con imágenes concretas, con las parábolas, contándoles una historia. De esta manera las parábolas son un instrumento, un medio, para bloquear la controversia. Es la pedagogía de Jesús. Quiere llevar a los oyentes a una nueva situación.
    Un ejemplo: la parábola de los dos deudores (Lc 7, 36-50). Se trata de una historia ficticia. Se trata de una mujer pecadora que llega a un banquete, que había dado un Fariseo, y estaba allí Jesús. El Fariseo no está de acuerdo con la manera de actuar de Jesús con esa mujer: “Si éste fuese profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando” (v. 39). Es evidente que el Fariseo no está  dispuesto a admitir una explicación. ¿Qué hace Jesús? En vez de entrar en discusión con el Fariseo,  le cuenta una historia, en la que aparecen dos deudores: uno que debía quinientos denarios, una suma grandísima, y otro que debía sólo cincuenta denarios, poca cosa. En una primera mirada, el que debía cincuenta denarios  se encuentra en ventaja sobre el que debía quinientos.
    Y aquí viene lo inesperado: el prestamista perdona las dos deudas. Y de repente, se cambian las situaciones: el que debía más se encuentra en ventaja, sobre el que debía menos. El Fariseo acepta la cosa. Jesús le pregunta: “¿Quién de los dos amará más”? El Fariseo responde: “Supongo que aquel  a quien perdonó más”. Al interlocutor de Jesús no le queda más que reconocer que en su juicio sobre la mujer y la actuación de Jesús estaba equivocado. El perdón que trae Jesús alcanza a todos.
    Esta parábola es un instrumento, un medio, para conducir al Fariseo a una manera distinta de ver el caso de esta mujer, una manera nueva de comprender la actitud y la misión salvadora de Jesús. Hay alguien que no piensa como el Fariseo. Jesús busca hacer pasar a los oyentes de una manera de ver la realidad de la salvación a la manera como ve Él. (cf. también Mc 4,28-29; Lc 13, 18-21).
  1. La manera de convencer a los interlocutores. Hemos recordado que Jesús con las parábolas desea que los oyentes cambien de manera de pensar, que puedan ver la realidad de la salvación como ve Él. ¿Cómo se realiza este cambio? ¿Dónde están los medios para vivir este movimiento? Enumero algunos de estos medios.
  2. La forma interrogativa. Jesús presenta muchas parábolas haciendo preguntas a los oyentes. No quiere imponerles verdades desde fuera, sino que quiere que los oyentes se responsabilicen, que los oyentes tomen posiciones ante la realidad que les propone. Por  ejemplo:
    Hay varias parábolas que empiezan así: “¿Quién de vosotros?” (Mt 6,27; 7,9; 12,11; Lc 11,11).  En S. Mateo encontramos la  fórmula: “Qué os parece?” (18, 12; 21,28). Los oyentes son invitados a tomar partido en el asunto. Jesús no quiere forzarlos: espera que den su parecer.
  3.   Otro medio para cambiar de parecer es la experiencia de los oyentes: las parábolas están expresadas en términos conocidos en la experiencia de los oyentes. Por ejemplo : el caso del padre de familia que no dará una piedra a su hijo que le pide pan (Mt 7,9-10). Es la experiencia de un padre normal en la familia. También la reacción del pastor que se da cuenta de que se le ha extraviado una oveja. Es normal que vaya a buscarla (Mt 18, 12-19).  ¿Qué va a hacer el labrador que encuentra un tesoro un el campo donde trabaja? Es normal que compre el campo. En las parábolas se cuentan las cosas tal como ocurren  en la vida de cada día. Los oyentes pueden recurrir a su experiencia y reconocer que vale la pena de aceptar lo que les dice Jesús y su punto de vista, y cambiar su manera de pensar.

Conclusión.

  1. Hemos intentado dar unas pistas, orientaciones, llaves, para leer las parábolas de los evangelios sinópticos. Creo que es interesante tener unas nociones generales sobre el método de abordar las parábolas. Existe el peligro de divagar sin rumbo Aquí hemos insistido sobre el método. Quisiera volver a recordar el camino que hemos recorrido.
  2. Las parábolas contienen un mensaje evangélico, contienen la Buena Noticia  de la salvación que nos ha traído Cristo. Jesús no recurre en el caso de las parábolas  a un lenguaje directo, abstracto. Recurre a comparaciones tomadas de la vida. El método que ha utilizado es especial, y hay que tenerlo en cuenta, si se quiere llegar al mensaje auténtico.
  3. El aspecto del mensaje evangélico que más subrayan las parábolas es el comportamiento, las actitudes, como respuesta al mensaje de Jesús,  y no las ideas, o teorías. Jesús utiliza las parábolas como medio, como instrumento, para atraer a los oyentes que no piensan como Él, atraerlos  a su manera de pensar. En las parábolas Jesús está en diálogo con los oyentes. Jesús no pretende reducir al silencio a sus adversarios mal dispuestos. Es la pedagogía de Jesús de atraer a su mensaje a los que no piensan como Él.
  4. Muchas de las parábolas  están compuestas de tal manera que los oyentes descubran en ellas  su experiencia, su vida, y esto constituye una fuerza  para aceptar el mensaje de Jesús.
  5. No he pretendido explicar las parábolas, sino dar unas pistas, unas llaves de lectura, y sacar algunas conclusiones. No hemos ido lejos para descubrir esas llaves. Las hemos encontrado  en la misma puerta, en las mismas parábolas. Es leer la Biblia por la Biblia.

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