LA PACIENCIA EN LA REGLA DE SAN BENITO

No existe en la Regla de San Benito un capítulo dedicado exclusivamente a la paciencia, como tiene para la obediencia, el silencio, la humildad, el Abad. Sin embargo, yo creo que la paciencia puede ser considerada como una virtud fundamental para el monje. La vida monástica es un caminar, es movimiento más que estado bien definido; es como una búsqueda constante. Recordaría la importancia que tiene el término camino en la Regla de S. Benito. Esto es lo que afirmaba un observador en el congreso de Abades  del año 1973, y decía:

  • “El voto de pobreza no consiste sólo en ser pobre, sino en hacerse pobre en todo tiempo, sin desfallecer, en depojarse.
  • El celibato no es sólo el voto de no tomar mujer, sino el de hacerse monje, en convertirse en monje: monajos, monos, solitario, es decir, unido a Dios, unificado con los intereses de Dios. Y esto se hace, se va haciendo.
  • La obediencia es la escucha filial de todo el ser, es la fidelidad del Amen de Cristo hasta la muerte. Es la búsqueda constante de Dios, ir constantemente hacia Dios.

Pero en este movimeinto hace falta paciencia: es el cuarto voto monástico, que consolida  los demás votos, es el cuarto clavo que mantiene al monje  atado a la cruz” (E. Marcos).

Esta intervención del mencionado observador me parece importante en nuestro tiempo, en que nuestro ritmo es acelerado y queremos los resultados en seguida, de la noche a la mañana. El monje, como todo cristiano, tiene que recorrer un camino, aprovechando el tiempo de cada día para un progreso constante en la búsqueda de Dios. Es la paciencia. Me limito a una breve exposición para recordar lo que entiende S. Benito por paciencia. Recurriré al vocabulario y a algunos textos que hablan de un medio que puede favorecer  la paciencia: la no violencia.

a) Vamos a analizar el vocabulario, recurriendo sobre todo a tres términos: paciente (patiens),  pacientemente (pacienter), paciencia (patientia).

Prólogo 37: “Según nos dice el Apóstol: No te das cuenta de que la paciencia (patientia) de Dios te está empujando a la penitencia?”. Aquí S. Benito, citando el texto de Rom 2,4 y de Ezequiel 33,11, nos pone mirando a Dios, que espera y soporta los pecados de los hombres, porque ama y quiere la salvación de todos. Está aquí la fuente de toda paciencia.

Prólogo 50: “De esta manera, si no nos desviamos jamás del magisterio divino y perseveramos en su doctrina y en el  monasterio hasta la muerte, participaremos con nuestra paciencia (patientia) en los sufrimientos de Cristo, para que podamos compartir con Él también el reino”. Aquí la paciencia es la actitud que nos permite participar en los sufrimientos de Criso e identificarnos con Él. Solidarios con Cristo.

RB 72,5: “Se tolerarán con suma paciencia (patientissime) sus debilidades  tanto físicas como morales”. Se trata aquí de la manifestación  del amor a los hermanos en la comunidad. S. Benito empieza aquí a concretar el v. 50  del Prólogo. Nuestra unión con Cristo se vive y se concreta en las relaciones con los hermanos. La paciencia es la virtud que nos hace solidarios con la cruz de Cristo y capaces de vivir las debilidades físicas y morales de los hermanos.

Con estas tres citas de la Regla vemos ya un poco cómo entiende S. Benito la paciencia. Es una virtud que se vive concretamente  con los hermanos en la vida comunitaria, aceptándose mutuamente con amor. Tiene sus raíces en la magnanimidad y el amor de Dios. Y Cristo nos ofrece desde la cruz la posibilidad de asociarnos a Él, participando en su entrega a la humanidad. S. Benito nos invita a participar con la paciencia en la historia de la salvación.

Hay todavía en la Regla otros textos que van concretando la virtud de  la paciencia. Algunos ejemplos:

58,3: “Cuando el que ha llegado persevera llamando y después de cuatro o cinco días parece que soporta con paciencia (patienter) las injurias que se le hacen y las dificultades que se le ponen para entrar y sigue insistiendo en su petición”. Ya desde el comienzo de la vida monásica, S. Benito exige  una disposición de desprendimento. Aquí la paciencia es la actitud de una persona que no tiene exigencias, capaz de sufrir afrentas y dilación.

2,25: “En concreto, que a los indisciplinados y turbulentos debe corregirlos más duramente; en cambio, a los obedientes, pacíficos y pacientes (patiens) debe estimularles a que avancen más y más”. S. Benito recuerda al Abad cómo debe gobernar. El Abad se encuentra con dos clases de monjes. Unos son indisciplinados y turbulentos, otros obedientes, pacíficos y pacientes. Los pacientes son los que viven la paciencia, que en este caso es sinónimo de obediencia, escucha y mansedumbre. Aquí vemos que la paciencia tiene relación con otras virtudes monásticas.

68,2: “Pero si ve que  el peso de lo que le han impuesto excede totalmente la medida de sus fuerzas, exponga al superior paciente (patienter) y oportunamente, las razones de su imposibilidad” Es el caso de que a un monje le mandan cosas penosas o imposibles. ¿Qué debe hacer? Reciba la orden con toda docilidad y obediencia. Es ya una actitud de paciencia. Pero si ve que no puede,  debe insinuar al superior paciente y oportunamete las causas de su dificultad. Y Benito explica qué entende aquí por paciencia: excluyendo toda altivez, resistencia u oposición (v.3). Este texto está intimamente relacionado con el v.50 del Prólogo.  Es una paciencia que supone una imitación de Cristo en la cruz.

7,35-36: “El cuarto grado de humildad consiste en que el monje se abrace calladamente con la paciencia (patientia) en su interior en el jercicio de la obediencia, en las dificultades y en las mayores contrariedades, e incluso cualquier clase de injurias que se le infieran, y lo soporte todo sin cansarse ni echarse para atrás”. Aquí la paciencia se relaciona con el silencio: calladamente en su interior. Supone aguante activo: no se canse. Esto se explica porque de esta manera el monje participa  en la muerte de Cristo. “Debe soportar todo por el Señor” (7,38). “Por ti estamos a la muerte todo el día” (7,38).”Pero esto lo superamos gracias al que nos amó” (7,39). Aquí se indican tres actitudes del monje en la paciencia: la alegría (gaudentes) (v39), la generosidad, dando más de lo que se les exige (v. 42), y bendicen a los que les maldicen (v.43). En estos textos del capítulo 7, tenemos un cuadro completo de la paciencia cristiana. S. Benito invita al monje a mirar a Cristo, de quien le viene la alegría y el gozo en el sufrimiento.

b) Eliminar la violencia. Hemos recordado, recurriendo al vocabulario, qué entiende S. Benito por paciencia, pero tiene también elementos que favorecen la paciencia, por ejemplo, quiere eliminar la violencia, la dureza,  la agresividad, que es contrario a la paciencia. Algunos casos:

* Recomienda el respeto, el honor, a todos los hombres: “Honrar a todos los hombres” (4,8). Aquí está la clave de la no violencia.

* Benito recomienda dar tiempo al tiempo en la maduración del monje. Es necesario tiempo para pasar del temor al amor. Los doce grados de humildad son como doce etapas de la conversión del monje, 12 etapas en la liberación del egoismo. Es necesario empezar y continuar cada día sin violencia, con paciencia

* Otro medio para elimnar la volencia y favorecer la paciencia es el diálogo. La impaciencia y la violencia se manifiestan  cuando no queremos hablar, cuando nos cerramos al diálogo. S. Benito supone la necesidad del diálogo en el capítulo 3: convocar a los hermanos al capítulo. S. Benito supone que hace falta dominio de sí mismo, humildad, paciencia, para hablar y exponer nuestro parecer, sin pretender que se haga lo que a mí me parece lo mejor. Saber ceder después de haber dado mi parecer.

* El mayordomo tiene mucha importancia en este caso: es invitado a dar una respuesta que supone mucha paciencia: “Tenga, ante todo, humildad, y al que no pudiere darle lo que solicita dele si quiera una buena palabra por respuesta” (31,13). Esa buena palabra es capaz de hacer un bien inmenso. Es una manera de evitar la violencia en la comunidad.

Pienso que S. Benito, al querer eliminar la violencia, está buscando un ambiente favorable para vivir la virtud de la paciencia.

Conclusión

  1. La paciencia es considerada a veces como una virtud pasiva, casi como sinónimo de indiferencia. S. Benito no la considera así. S. Benito la pone en el terreno del comportamiento, de la praxis, y no en el terreno de las ideas. Tiene su origen en Dios que ama,  que perdona y que salva. Así el monje que participa en la paciencia de Dios, se hace cada vez más hijo de Dios.
  2. Cristo prolonga y concreta esta actitud de Dios, amando desde la pasión y la cruz, perdonando los pecados y revelando el amor de Dios. S. Benito pone en boca de Cristo el pasaje de Rom 2,4 : Cristo es el piadoso Señor (Prol 38). Así el monje  con la paciencia imita a Cristo, y se va haciendo solidario con Él en medio de los sufrimientos de la cada día, excluyendo toda altivez, resistencia u oposición
  3. Esta paciencia se vive de manera especial en la relaciones con los hermanos de la comunidad, tolerando las deficiencias mutuas, aceptándose mutuamente con amor, y se relaciona con la humildad, con la obediencia, la escucha y el silencio.
  4. Los frutos de la paciencia se concretan en la vida del monje, en su comportamiento: la alegría, la generosidad y la bendición para los que le maldicen.
  5. Sería interesante que esta presentación de la paciencia nos ayudara a vivir en paz y sosiego en medio de las prisas y el ejetreo que llevamos en la vida. Saber vivir serenamente. A pesar de los golpes y sufrimientos, el monje desde su fe, está convencido de que Dios sigue su obra, y puede participar en el triunfo de Cristo para el bien de los demás. No se pierde nada.

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