DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO (A) Homilía (Mt 20,1-16)

Quisiera comentar brevemente el Evangelio que hemos proclamado ahora.  A primera vista, si lo consideramos  desde la justicia social, nos parece una injusticia  lo que ha hecho el amo de la viña. Unos obreros han trabajado12 horas y otros tan solo una hora, y a todos el mismo jornal: un denario. Pero no hemos de olvidar que se trata de una parábola, y en las parábolas hay que buscar una enseñanza, un mensaje. Las parábolas contienen un relato ficticio con un mensaje. ¿Cuál es el mensaje de esta parábola? Está en la manera extraña de actuar del amo de la viña: a los últimos trabajadores les ha dado lo que no han ganado.

Esto es lo que hemos de subrayar: los últimos han recibido lo que no merecían, lo que no habían ganado. Y la razón de esto no está en el trabajo que han realizado, sino en la manera de ser del amo, porque el amo es bueno.

Así es también Dios con nosotros cuando nos ofrece su salvación, el reino de Dios. La parábola hay que entender desde ese segundo elemento, desde la salvación que nos ofrece Dios en Cristo. La apertura de la fe es necesaria para participar en la salvación del Reino, pero la salvación no la ganamos. Es la gratuidad de Dios que nos la ofrece.

Hoy Jesús nos invita a descubrir la gratuidad de Dios, la gratuidad de su amor. La salvación será siempre obra del amor de Dios, porque es bueno. Una cosa es evidente. Que los caminos de Dios no son como nuestros caminos – nos lo decía la primera lectura. A Dios no le podemos encerrar en nuestras medidas. Lo mejor que podemos hacer es quedarnos en silencio ante los planes de Dios, agradeciendo la actuación salvadora de Dios, y prolongar en nuestra vida la actuación gratuita de Dios. Para hacer el bien, no debemos estar esperando que  nos hayan hecho el bien. Si hemos descubierto la gratuidad de Dios en nuestras vidas, intentaremos que eso se comunique a todos aquellos que nos rodean. Los conflictos, las luchas, las tensiones, los odios del mundo en que vivimos, necesitan la salvación gratuita de Dios, y que nosotros seamos capaces de comunicarla a los que nos rodean.

En la Eucaristía estamos actualizando, haciendo vida esta parábola. Nadie de nosotros ha ganado, ha merecido este don extraordinario de la Eucaristía. Y a todos nos da Jesús el mismo denario: su Palabra que no renueva, su cuerpo que actualiza su muerte y resurrección, y es germen de vida eterna. Todo sin merecerlo. Desde esta parábola podemos aprender que Dios distribuye sus dones a cualquier hora,  en cualquier edad, en cualquier situación. Y esto nos llena de esperanza.

Nos encomendamos a Sta. María para que nos acompañe en esta búsqueda de la gratuidad de Dios.

Agustín Apaolaza O.S.B.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Sitio web ofrecido por WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: