LA NOCHE SANTA DE PASCUA (2.018)

Quisiera recordar brevemente la celebración de la noche Santa de Pascua. El Vat. II nos ha recordado que  la Cuaresma prepara los fieles para celebrar el misterio pascual. Los liturgistas dicen que la Vigilia Pascual es la celebración más importante de todo el año.  Me limito a tres puntos:

  • Pascua conocida: el acontecimiento de la Resurrección de Jesús
  • Pascua celebrada: la Vigilia Pascual
  • Pascua vivida: respuesta y prolongación de la celebración
1.Pascua conocida.

Lo primero que tenemos que recodar es la Resurrección de Jesús. Nos la recuerda el Evangelio que se lee  en la Vigilia, el Evangelio de S. Marcos. María Magdalena, María la de Santiago y  Salomé fueron al sepulcro con la idea de embalsamar el cadáver de Jesús. Se les parece un ángel que les dice: “Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado” (Mc 16,6). Este anuncio del ángel es importante para celebrar bien la Vigilia Pascual de este año. El crucificado ha resucitado, no está aquí. Pocas palabras: buscáis, crucificado, ha resucitado.

Este anuncio del ángel no es sólo para aquellas tres mujeres. Nosotros debemos recogerlo como dirigido a cada uno de nosotros. Jesús no es un personaje que ha quedado en el sepulcro. Jesús vive. ¿Qué entenderían esas mujeres junto al sepulcro cuando han oído: Ha resucitado? Seguramente pensarían en la reanimación del cadáver, es decir, que Jesús había empezado a vivir de nuevo. Se alegrarían porque le podían encontrar vivo de nuevo, le podrían ver, hablar con Él. No se ha corrompido. ¿Profundizarían más el hecho de la Resurrección?

Nosotros tenemos que preguntarnos: ¿En qué consiste propiamente la Resurrección de Jesús? Eso de “ha resucitado”. Lo primero que hay que afirmar es que la Resurrección de Jesús es algo más que una simple reanimación del cuerpo muerto. No es como el caso  deLázaro. Es algo más. Y ¿en qué consiste ese algo más? En los Hechos de los Apóstoles  se habla de la glorificación de la humanidad de Jesús en la Resurrección: “El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús” (3,13). Son palabras de S. Pedro. Esta glorificación es la entrada de Jesús-hombre en la esfera de Dios. Éste es el hombre perfecto. Ya nos se puede dar mayor perfección. Jesús ha pasado al Padre. Es su Pascua. Es el nuevo Adán. Esta humanidad de Jesús es la que buscaba Dios cuando hizo a Adán y Eva a su imagen y semejanza. De esta humanidad glorificada  viene la salvación para el mudo entero, para todos los tiempos.

San Pablo habla de un nuevo nacimiento en la Resurrección de Jesús, nuevo nacimiento de la humanidad de Jesús, de un engendramiento:  “Dios ha cumplido en nosotros la promesa  antigua de resucitar a Jesús como está escrito en el salmo: Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy” (Hch 13,33).

Ya tenemos, pues, un punto importante: la Resurrección de Jesús es algo más que la reanimación del cadáver, es una glorificación de la humanidad de Jesús, es una vida nueva del todo. No hay palabras humanas que puedan expresar del todo esta realidad, el paso de Jesús al Padre. La palabra Resurrección significa “despertar”, “levantar” de un sueño, en este caso de la muerte. Pero no indica todo el misterio del acontecimiento. La palabra “glorificación” dice más, y también “El nuevo nacimiento” “El engendramiento”. Pero son símbolos  que quieren expresar lo que no se puede expresar con palabras sencillas. No hay palabras que pedan expresar la realidad de la Resurrección de Jesús, en cuanto ha recibido en su humanidad una vida completamente nueva, la vida plena del Padre. La Resurrección de Jesús es la respuesta de amor del Padre a su Hijo hecho hombre, que le ha amado hasta dar su vida en la cruz.

El Papa emérito Benedicto XVI, hablando de la Resurrección, dijo una vez: “La Resurrección de Jesús fue como un estallido de luz, una explosión de amor, que desató el vínculo hasta entonces indisoluble del morir y devenir”. Estas dos expresiones o símbolos son interesantes para expresar algo de la Resurrección de Jesús: como un estallido de luz y explosión de amor. Y tenemos que recordar que en todo este acontecimiento de la Resurrección interviene el Espìritu Santo, es obra del Espíritu Santo: “Si el Espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos, habita en vosotros, el mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos, hará revivir vuestros cuerpos mortales” (Rom 8,11). Pero siempre nos quedamos con que ese algo más que la reanimación del cadáver, es un gran misterio que no podemos alcanzar con la inteligencia.  Y la mejor manera de acercarnos a ese misterio es celebrarlo, es la celebración: alegrarnos, expresar nuestro agradecimiento, hacer fiesta, sentir el gozo de la vida nueva que se da en Cristo resucitado. Y esto lo hacemos durante la noche Santa de Pascua, recurriendo a símbolos o gestos externos.

Algo de esa celebración encontramos en María: cuando ha descubierto la salvación que ha querido Dios en la Encarnación de Jesús en su seno, ha celebrado esa acción de Dios. No ha empezado a explicar el acontecimiento, sino que lo ha celebrado, se ha alegrado: “Proclama mi alma  la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”. Esto es lo que queremos hacer también nosotros en la Vigilia Pascual.

 

2. Pascua celebrada. Algunos elementos para la celebración de la Resurrección de Jesús, su Pascua, en la Vigila Pascual.

Hasta ahora hemos visto la acción de Dios en la Resurrección de Jesús por obra del Espíritu Santo. Ahí nosotros no hemos intervenido para nada. Ahora podemos intervenir para celebrar ese gran misterio. Algunos ejemplos:

  1. El lucernario (el fuego) y la luz del cirio. El fuego calienta, y aquí es símbolo de Cristo resucitado, que da sentido a la vida. Lo mismo la luz del cirio es símbolo de Cristo resucitado, y por eso se canta: “Luz de Cristo”, elevando el cirio pascual. La respuesta es celebración: “Demos gracias a Dios”. Detrás del cirio encendido entra la asamblea en procesión en la Iglesia. Esta procesión tiene su significado: “Del mismo modo que los hijos de Israel durante la noche eran guiados por la columna de fuego, así los cristianos siguen a Cristo resucitado” (Carta circular de la Congregación para el culto divino sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, 83).
  2. Las velas personales. De cada uno. Se encienden de la luz del cirio. Son el símbolo de una comunidad, que como Esposa amante, sale al encuentro del Esposo en la noche de la Resurrección. De la luz del cirio, símbolo de Cristo resucitado, participamos todos.
  3. El pregón. Es un canto de alegría, que quiere celebrar la Resurrección de Cristo. “Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la victoria del rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación”. Todo esto crea un ambiente festivo, celebrativo.
  4. La liturgia de la Palabra. Las siete lecturas del A.T. se leen a la luz del cirio pascual, es decir, a la luz del Cristo resucitado. Están preparando la Resurrección de Jesús: nos dan un  aspecto de la salvación. El Evangelio nos da la salvación plena: la Resurrección de Jesús.
    1. El aleluya. Es el grito de la asamblea que celebra la Resurrección de Jesús. Se canta como preparación a la proclamación del Evangelio.
    2. Renovación del bautismo. Celebramos no solo la Resurrección de Jesús, sino también nuestra incorporación a Cristo resucitado en el bautismo.
    3.   La Eucaristía. La celebración de la Eucaristía de la Vigilia Pascual no se diferencia mucho de la Eucaristía de los domingos. Es una experiencia nueva de Cristo resucitado. Es la misma que experimentaron los dos discípulos de Emaus. Es el mismo a quien hemos descubierto en el lucernario y el cirio pascual, es el mismo a quien hemos celebrado al escuchar la Palabra de Dios y al renovar el bautismo. Ahora, en la Eucaristía, nos da su cuerpo resucitado, todo su ser resucitado, toda la salvación que el Padre ha realizado en su humanidad al resucitarle. Es la culminación de la celebración.

Hemos recordado en el primer punto el acontecimiento de la Resurrección de Jesús por el Padre en el Espíritu, algo más que la reanimación del cadáver: su glorificación. Ante este acontecimiento ¿qué hacemos los cristianos en la Vigilia Pascual? Lo primero no es dar explicaciones. No una actitud de saber cosas, ni discutir, sino alegrarnos con la victoria de Jesús y con nuestra victoria, gracias a Él. Es un hecho tan grande que no tenemos palabras para explicarlo y nos dedicamos a celebrarlo. Es el gozo de recordar la acción resucitadora del Padre que llega hasta nosotros. Toda esta celebración es posible por la acción del Espíritu Santo, que nos orienta hacia el misterio pascual de Jesús.

 

3. Pascua vivida.

Es evidente que toda esta celebración está movida y dirigida por la fe. Es una experiencia vivida en la fe y celebrada en la fe. Ahora nos queda ver cómo podemos llevar a la vida  la experiencia de fe en la Resurrección. La celebración nos debe ayudar. Lo primero que hay que decir es que Cristo está vivo y está presente. Y esa presencia de Cristo resucitado es activa. Él quiere comunicarse con nosotros para hacernos partícipes de su victoria, de su Resurrección. Es su amor el que actúa. El secreto está en su amor. Esta presencia activa es relación, y nos pide nuestra fe y nuestra correspondencia. El Apocalipsis le llama el “Viviente”: “Yo soy el que vive. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo en mi poder las llaves de la muerte y del abismo” (1,18).

Habría que recordar también lo que dice S. Pablo a los cristianos de Corinto: la salvación está realizada en la Resurrección de Cristo. Lo que falta es que nosotros entremos en comunión con Él: “A Cristo Dios hizo para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención” (1 Cor 1,30). La vida  de Cristo resucitado llega hasta nosotros. Algunos ejemplos de cómo el Cristo resucitado al que hemos celebrado, nos acompaña en la vida.

  1. El fuego y la luz del cirio nos recuerdan que Cristo resucitado nos anima y nos ilumina en los momentos de oscuridad y sufrimiento,  en las heridas que llevo, en los errores que he cometido en la vida, en mis fracasos. Incluso la muerte ha sido vencida, y esto nos lleva a la esperanza de una vida eterna junto con Cristo resucitado. Es la luz que anuncia la vida eterna. Es la luz que nos impulsa a ofrecer nuestra vida en servicio a los demás. El cosmos y la naturaleza entera esperan su renovación desde la gloria de la Resurrección de Cristo.
  2. El bautismo que renovamos en la celebración nos impulsa  a renovar nuestra adhesión y amor a Cristo resucitado, porque desde nuestro bautismo somo hijos/as de Dios. Nuestra vida tiene otro sentido desde entonces, porque hemos sido incorporado a  la muerte y Resurrección de Cristo (Rom 6,3-4). Podemos decir con Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20). La Resurrección de Cristo no ha pasado, sino que nos alcanza todos los días, y podemos seguirle.
  3. En la celebración escuchamos la Palabra de Dios a la luz del cirio pascual, junto al cirio pascual, que durará hasta la fiesta de Pentecostés. Esto quiere decirnos que hemos de leer e interpretar la Biblia a la luz de la Resurrección de Cristo. La Historia de la salvación culmina en la Resurrección de Cristo.
  4. La celebración de la Eucaristía de la Vigilia Pascual nos debe enseñar que siempre que celebramos la Eucaristía, celebramos  la muerte y la Resurrección de Cristo. En cada Eucaristía es Cristo resucitado que hace presente y renueva el misterio pascual para toda la humanidad.
  5. La oración de Liturgia de las Horas adquiere una dimensión especial, si recordamos que Cristo resucitado está presente en la Comunidad, y que es Él el protagonista de la celebración. El nos asocia a su oración, nos asocia a su alabanza al Padre y a su intercesión por la humanidad.
  6. El canto del aleluya es el canto en que celebramos el triunfo de Cristo resucitado. S. Benito supone el canto del aleluya en el tiempo pascual: “Desde la Santa Pascua hasta Pentecostés se dirá el aleluya sin interrupción” (RB 15,1.4). Todo el proyecto monástico gira en torno  a la Pascua. Algunos ejemplos:

* “En invierno, esto es,  desde el primero de Noviembre hasta Pascua, se levantarán  a la hora octava de la noche” (8,1). “Pero desde Pascua hasta el mencionado  primero de Noviembre, ha de regularse el horario…” (8,4).

* Desde Pascua hasta las calendas de Noviembre, se mantendrá el número de salmos que se dijo arriba” ( 10,11).

* Desde  la Santa Pascua hasta Pentecostés, los hermanos comerán a la hora sexta y cenarán al atardecer” (41,1.7). (cf. también 48,3; 49,7).

  1. Benito quiere que nos adentremos en la novedad de vida que nos viene de Cristo resucitado. Vivir cada día en misterio pascual, en la oración, en la obediencia, en la comunidad, en el trabajo.

 

Conclusión

  1. La Resurrección de Jesús es obra del Padre en el Espíritu, y esto no debemos olvidar nunca. La Pascua de Jesús es obra del Padre, y fruto de su amor.  Por ahí hemos empezado en la exposición, pero sin olvidar que esa acción del Padre llega hasta nosotros, y nosotros podemos relacionarnos personalmente con Cristo resucitado. En este sentido la Resurrección de Cristo es actual, está presente en cualquier tiempo y espacio.
  2. Hemos recordado tres dimensiones o caras de la Resurrección de Jesús. En la primera interviene más la inteligencia, en la segunda, el corazón y en la tercera, la voluntad. La celebración es importante para que el misterio pascual se pueda llevar a la vida.
  3. El Espíritu Santo actúa en las tres etapas. Y el Espíritu que actúa en la celebración debe acompañar al celebrante para que pueda llevar a la vida lo celebrado.
  4. En este tema de la Resurrección de Jesús, su Pascua, hay que insistir en la ación de Dios, pero no debemos olvidar que, por nuestra parte, debe intervenir la fe, que conduce al amor. No ver, pero volver a Cristo resucitado sin ver. Nunca apreciaremos lo suficiente el don que nos ha hecho el Padre al darnos a Cristo resucitado. Como en toda acción litúrgica, en la Vigilia Pascual nos relacionamos con las tres Personas de la Trinidad.

 

Agustín Apaolaza O.S.B

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