El silencio del Salvador

Estamos ya caminando hacia Navidad, en la que celebraremos la llegada del Salvador y su presencia entre nosotros. ¿Qué aspecto podríamos subrayar este año en esta celebración? Yo subrayo sólo un aspecto, y lo he recogido de una antífona del rito de entrada, que el Misal pone  el sexto día de la Octava de Navidad. Dice así: “Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa, Señor, vino desde el trono del cielo”. Es un texto tomado del libro de la Sabiduría 18,14-15. Esta Palabra, con mayúscula, es el Hijo de Dios, que llega desde el trono del cielo. Es una manera de expresar la Encarnación de Jesús. Y se realiza en medio de un silencio sereno. Este silencio sereno ¿nos dice algo hoy en estas Navidades? Normalmente habrá mucho ruido en las calles y en las ciudades. El mundo exterior sigue su ritmo.

Esta antífona, que hemos citado sobre el silencio en que el Salvador vino al mundo, es ya una luz para nosotros, pero yo me he preguntado cómo ha vivido Jesús a lo lago de su vida esta antífona. Y esto es lo que quisiera recordar brevemente, y sacar algunas conclusiones: Algunos ejemplos.

  1. El silencio y la vida oculta de Jesús. Es verdaderamnete impresionante el silencio de Jesús durante treinta años en Nazaret. Jesú se esconde, calla voluntariamente, no hace nungún gesto que revele su misión salvadora. Su amor redentor desborda unicamente en silencio, en el retiro de su corazón de Hijo.
    Jesús sabe que viene a salvar a los hombres, es la verdad que debe transformar el mundo,  se calla y esconde aquello que es su misión.  Hay un escritor francés que habla de este silencio de Jesús y dice:”El Verbo que guarda silencio durate 30 años, y tres años para hablar. Y esto continúa en las órdenes contemplativas de hoy día, estas mujeres y estos hombres que oran” (Jacques Loew, 2 Silences, pág. 162).
  2. Silencio-discreción. La actividad de Jesús se caracteriza por una gran discrecón. A su alrededor se encuentran multitudes que le aclaman por sus milagros. Incuso le quieren hacer rey (Jn 6, 14-15). Pero Jesús se opone a una fama de mucho ruido. Rechaza siempre una reputación humana. No busca la publicidad. Es una forma de silencio.
  3. Silencio y soledad del desierto. En los Evangelios sinópticos encontramos varias veces que Jesús se retira al desierto. Por ejemplo:
    – Después del bautismo (Mc 1,12).
    – Instruye y alimenta al pueblo en el desierto (Mc 6,34-44).
    – Se retira al desierto para orar (Mc 1,35).

    El desierto ha sido para el pueblo de Israel un tiempo de la experiencia de Dios. Jesús lo revive. Ha sido para Jesús una ocasión maravillosa en que ha desarrollado su intimidad de Hijo con el Padre. Podemos imaginarnos a Jesús hablando con su Padre en aquellas noches silenciosas de Palestina. Podemos imaginar la intimidad de su oración de súplica al Padre por toda la humanidad. Jesús en el desierto está en una actitud de escucha silenciosa ante el Padre.

  4. Silencio-renuncia de sí mismo. Hemos recordado que el silencio del desierto para Jesús ha sido expresión de su intimidad con su Padre. Pero, al mismo tiempo, el silencio tiene relación con su renuncia completa, con el vaciamiento de sí mismo. Jesús al encarnarse, ha introducido en el mundo una dimensión nueva, un vaciamiento de sí mismo: “ Se despojó de sí mismo, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres” (Flp 2,7). Ha querido hacerse como un siervo silencioso para salvar al mundo en una situación nueva. Decir no a sí mismo, éste es el silencio verdadero, que restaura el ser humano. Y desde este vaciamiento Jesús se hace completamente transparente a la voluntad de Dios.
  5. Silencio de Jesús en la Pasión. Jesús se ha callado ante los jueces:
    – Ante Herodes (Lc 23,9)
    – Ante Pilato (Mc 14,61)
    – Ante el Sumo Sacerdote (Mt 26,62).

    Jesús calla ante las acusaciones. No tiene necesidad de defenderse, ni aprueba por ello la condena. No tiene miedo a perder la vida, porque tiene un confianza inmensa en el Padre. Este silencio es el acto de confianza en el poder del Padre. Como un pobre se pone en manos de Dios, que le resucitará. Jesús acepta esta realidad de la Pasión, un aparente fracaso en silencio, pero era un silencio fecundo, un silencio redentor.

Conclusión

  1. Hemos partido de una antífona del tiempo de Navidad: “Un silencio sereno lo envolvía todo”. El silencio de esta antífona expresa el misterio de la Encarnación de Jesús y su nacimiento. El misterio de Navidad. Pero los Evangelios nos recuerdan que el silencio ha sido la expresión de todo el misterio de Jesús. Todo el misterio de salvación está marcado completamente por el silencio. El silencio de Jesús tal como aparece en los Evangelios, no consiste sólo en callar, silencio de labios, sino que es la vivencia de su entrega al Padre y a la humanidad. Es la expresión de su actitud interior, de su intimidad, de su entrega interior al Padre y a la humanidad. Su salvación pasa a través de este silencio, se realiza en este silencio y por este silencio.
  2. De todo esto creo que podemos sacar una enseñanza. S. Benito nos recuerda en el Prólogo de su Regla que debemos vivir “Tomando como guía el Evangelio” (Prol. 21). S. Benito habla varias veces de la necesidad del silencio (Cap. 6; 42). Sería cuestión de proyectar lo que hemos dicho del silencio de Jesús a la recomendación de S. Benito: tomar como guía el Evangelio en este caso. No es suficiente decir que hay que guardar el silencio, o que tenemos que ser generosos en esta materia. Sería interesante proyectar la luz del Evangelio a la Regla de S. Benito y participar en el valor que ha dado Jesús al silencio. En el bautismo hemos sido injertados en la vida nueva de Cristo, y ahora sería el caso de participar en la luz del Evangelio, y convertir el silencio en un elemento de nuestra relación con Dios y en un medio para conseguir la paz interior y una actitud serena para relacionarnos con los demás, eliminando la agitación interior.
  3. Algunos testimonios.

– Apotegma copto: “¿Qué debo hacer para tener paz?” – “Cállate y guarda el silencio en tu interior”.
– Apotegma: “Si eres silencioso, en cualquier sitio en que estés, estarás en paz”.
– Liturgia siríaca: “El humilde publicano fue justificado por el silencio de su oración”.
– Rufino: “Busca las cosas divinas en la tranquilidad del silencio”.
– Tertuliano a la salida de la Iglesia encuentra a un pobre con los vestidos desgarrados, pero irradiando una alegría y una paz extraordinarias. Le pregunta:
“De dónde vienes?”
“De Dios”
“¿Dónde has encontrado a Dios?”
“Allí donde he dejado a todas las criaturas”
“Pero ¿quién eres?”
“Yo soy rey”
“¿Dónde está tu reino?”
“En mi alma donde tengo todo en orden, porque he aprendido a dominar mis sentidos. Este reino es preferible  a todos los reinos del mundo”.
“¿Cómo has llegado ahí?”
“Por medio del silencio; el silencio con los hombres para relacionarme con Dios, y la unión con mi Amado Señor. En Él he encontrado la paz. La he encontrado para siempre”.

Denis Huerre: “El gran don que ha dado Dios al monje es el Espíritu Santo. Para escucharle, el monje hace silencio”.

Agustín Apaolaza O.S.B.

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