S. Agustín ora con los Salmos

Cristo resucitado, antes de subir al cielo, abrió la inteligencia de los apóstoles para que comprendieran las Escrituras (Lc 24,45). ¿Y qué es lo que tenían que saber y descubrir? “Cuando aún estaba con vosotros ya os dije que era necesario que se cumpliera todo lo escrito sobre mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lc 24,44). “Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se anunciaría a todas las naciones la conversión y el perdón de los pecados” (Lc 24,47).

Los apóstoles  debían de ser testigos de todo esto, y lo hacen citando de manera especial los salmos con más abundancia que la ley y los profetas (Hch 2,25-31; 4,3-12; 13,33). Entienden los salmos no sólo en sentido literal, sino como profecías, que anunciaban de antemano el misterio de Cristo.

Esto era fácil porque el mismo Cristo había utilizado los salmos para expresar sus sentimientos más profundos y su vida entera  vivida para Dios y para la humanidad (Mt 28,38; 27,46; Lc 23,46).  Cuando Jesús utiliza los salmos no se queda sólo con el sentido del Antiguo Testamento, sino que los lee y los comprende a la luz de su vida, dándoles una plenitud nueva.

De esta manera se ha formado una tradición de esta inteligencia de las Escrituras y de los salmos, para penetrar la profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios (Rom 11,33). Y esta tradición continúa todavía en nuestras días en la Iglesia.

Mirando hacia atrás, tenemos que decir que esta tradición se apoya  de manera especial  en los Padres de la Iglesia. Estos Padres de la Iglesia son transmisores de esa tradición, en primer lugar por su santidad: han tenido una solicitud  apasionada por las cosas de Dios, y nos comunican su ejemplo. Pero además, son nuestros padres en la fe, porque relativamente cerca de la Fuente, se han esmerado en profundizar en la inteligencia de las Escrituras. La exégesis, que es una ciencia, ha progresado desde entonces. Los Padres de la Iglesia no conocen el método histórico-crítico. Pero uno se pregunta si la exégesis en el sentido moderno nos da el sentido completo en la comprensión del texto. Cuando se ha encontrado el contexto original  de un salmo ¿se ha dado ya lo esencial? El sentido de un salmo no se limita a lo que ha podido percibir el salmista mismo o los judíos que lo cantaban en las fiestas litúrgicas o lo recitaban en privado. Hay que partir sel sentido literal. Pero para los cristianos el verdadero sentido completo de un salmo es dado por el misterio de Cristo, gracias a la luz del Espíritu Santo. La interpretación espiritual de los Padres es una relectura del salmo desde Cristo. Esta lectura no es una lectura piadosa arbitraria. Cristo estaba presente proféticamente en todo el A.T, y también en los salmos. No se le veía a Cristo, pero se le oía.

No hay que olvidar que en los salmos, más que en los demás libros de las Escrituras, los Padres de la Iglesia, oyen el canto del Espíritu Santo. Dice San Agustín: “En los salmos tenemos la palabra del Espíritu de Dios, porque si Él no la hubiera inspirado, no la pronunciaríamos nosotros” (Enarraciones, salmo 26,1).

Me limito aquí a S: Agustín, el gran comentador de los salmos en su obra “Enarraciones sobre los salmos”. Un comentador dice de él: “S. Agustín estaba impregnado del salterio” (M.J. Rondeau). Desde el comienzo, ya en los  primeros momentos de su conversión, ha encontrado en la recitación de los salmos el don auténtico de la oración en su diálogo con Dios: “¿Qué voces te di, Dios mío, cuando todavía novicio en tu verdadero amor y siendo catecúmeno, leía descansando en la quinta, los salmos de David, cánticos de fe, sonidos de piedad, que excluyen todo espíritu hinchado. Qué voces, sí, te daba en aquellos salmos y cómo me inflamaba en ti con ellos y me encendía en deseos de recitarlos, si me fuera posible, al mundo entero, contra la soberbia del género humano” (Confesiones, IX, 4.8).

Como todos los Padres de la Iglesia, S. Agustín buscaba en los salmos la realización del misterio de Cristo. Lo que confería valor al salterio se debía a que por entero es un libro profético, cumplimiento del acontecimiento de Cristo. S. Agustín ha buscado la manera de dar  una interpretación cristológica de los salmos, es decir, relacionados con el misterio de Cristo. Los ha explicado en función del misterio de Cristo. Los convierte en oración, y para ello, encuentra en los salmos a Cristo, en cuanto es mediador entre los fieles y Dios.

Al comentar los salmos no se preocupa tanto de dar explicaciones literales como de hablar del sentido espiritual-cristológico, siguiendo  a los Padres de la Iglesia que le precedieron. En cada salmo encuentra alguna relación con Cristo. A veces, hablan de Cristo, son profecías  del acontecimiento de Cristo. Otras veces, son oración que Cristo resucitado dirige al Padre junto con la Iglesia, cabeza y cuerpo, o son oraciones que la Iglesia dirige a Cristo considerado como Dios, o son palabra que Cristo dirige a su Iglesia, enseñanza para la vida cristiana. Él mismo explica cómo entiende este método: “Cuando oímos un salmo, escrito antes de venir nuestro  Señor Jesucristo en nuestra carne, todo nuestro interés se centra en ver allí a Cristo, en entender allí a Cristo. Dirigíos, pues, conmigo a investigar este salmo y busquemos en él a Cristo, pues sin duda se mostrará a los que le buscan, Él que se manifestó a los que no le buscaban, y no abandonará a los que le desean. Él que redimió a los que no se preocupaban de Él” (Enarraciones sobre los salmos,  sal. 98,1).

Y no hay que olvidar que casi todos los comentarios de S. Agustín sobre los salmos son homilías, sermones pronunciados en el curso de la liturgia, para que los fieles pudieran llegar a orar con los salmos, para prepararlos a celebrar el misterio de Cristo. No son tratados exegéticos. Presento tres ejemplos en los que se puede apreciar el método que ha utilizado S. Agustín en la interpretación de los Salmos.

 

Salmo 1

     San Agustín considera este salmo como profecía de Cristo, que ha reparado  el daño hecho por Adán, y ha conseguido la felicidad cumpliendo siempre la voluntad del Padre. Él es  el árbol que da fruto abundante.

“Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos” Esto ha de entenderse del hombre Señor Jesucristo. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, como siguió el hombre terreno, que consintió, quebrantando el precepto de Dios, en la insinuación de la mujer engañada por la serpiente. “Y no se detuvo en el camino de los pecadores”. Transita ciertamente en el camio de los pecadores, naciendo como ellos, mas no se estacionó, porque no le retuvieron los atractivos mundanos. “Y no se sentó en la reunión de los cínicos”, es decir, no ambicionó el reino mundano.

“Será como un árbol plantado al borde de la acequia”. Aquel árbol, es decir, nuestro Señor, dará fruto, es decir, constituirá las iglesias de las aguas corrientes, es decir, de los pueblos pecadores, trayéndolos al camino y radicándolos a su enseñanza; y lo dará en tiempo oportuno, a saber: después de haber sido glorificado con su resurrección y la ascensión al cielo. Porque entonces, habiendo sido enviado el Espíritu Santo a los apóstoles, consolidándolos en su fe y encaminándolos a los pueblos, produjo el fruto de las iglesias. “Y no se marchitan sus hojas” , es decir, su palabra no será vana. “Y cuanto emprende tiene buen fin”, es decir, todas las cosas que aquel árbol produjere, prosperarán, las cuales, sin duda, son hojas y frutos, es decir, palabras y hechos.

Oración

Dios, Padre bondadoso, contemplamos a Cristo muerto y resucitado, que ha realizado el ideal del hombre perfecto y feliz cumpliendo tu voluntad, te pedimos que su árbol produzca frutos abundantes en toda la humanidad.

 

Salmo 2

  Convirtiendo la lectura judía en lectura cristiana, San Agustín ve en las persecuciones de los poderes políticos y religiosos (v.1-2) el drama de la Pasión de Jesús. Pero Jesús constituido rey por Dios, su domino ha de extenderse a todas las naciones. Es la victoria de Dios. Es Hijo de Dios, engendrado antes de los tiempos, y pirifcará a los hombres liberándolos de la muerte y de las tendencias del hombre viejo. La oración celebra la victoria de Dios en Cristo.

             ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean un fracaso contra el Señor y contra su Mesías? Se dijo por qué en lugar de en vano, pues no llevaron a cabo lo que pretendieron, es decir, acabar con Cristo. Se dice esto de las persecuciones en los Hechos de los Apóstoles.

         Yo mismo he establecido a mi rey en Sión, mi monte santo. Es evidente que estas palabras se dicen de la persona de nuestro Señor Jesucristo. Yo he sido constituido rey por el Señor: yo de quien ellos pensaban romper las cadenas  y arrojar el yugo en el suelo.

            El Señor me dijo:Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Aun cuando pudiera entenderse que se habló de la profecía de aquel día en que Jesucristo nació como hombre, sin embargo, como la palabra hoy significa tiempo actual y en la eternidad no hay rastro de pretérito…sino unicamente presente, porque todo lo que es eterno permanece siempre. Por eso se toma en sentido divino: Yo te he engendrado hoy. Por ello la fe pura y católica anuncia la generación divina de la Sabiduría y del Poder de Dios, el cual es Hijo unigénito.

Pídeme y te daré en herencia las naciones. Esto se toma en sentido temporal, acomodado a la toma del hombre, el cual se ofreció en sacrificio en lugar de todos los sacrificios, e intercede por nosotros, de modo que a toda economía temporal que se ejecutó  en provecho del hombre se refiere lo que se dijo: Pídeme, a fin de que las naciones se congreguen bajo el nombre cristiano. Y así los redima de la muerte y los posea Dios.

Los quebrarás como barro de loza, es decir, quebrará en ellos los deseos terrenos y las ocupaciones inmundas del hombre viejo y todo lo que contrajeron y broto del limo pecador.

Y ahora, reyes, sed sensatos, es decir, ahora ya, habiéndome constituido rey, no os entristezcáis, reyes de la tierra, como si os hubiera arrebatado vuestro bien, más bien entended e instruíos. Os conviene estar sometidos a Aquel de quien recibís el entendimiento y la erudición.

Oración

Señor Dios, reconocemos en Cristo al Masías, tu Hijo unigénito, constituido rey en su resurrección, haz que su victoria contra el mal, signo del reino definitivo, llegue a todos nosotros y nos transforme en criaturas nuevas.

 

SALMO 3

En este Salmo Cristo acepta la persecución y la angustia de la Pasión, pero canta a Dios su Paz y su alegría, esperando la resurrección. “Tú mantienes alta mi cabeza”. “Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene”.Y Cristo une  a este canto a la Iglesia, su cuerpo.

 

Señor, cuantos son mis enemigos. Y tan es así que se multiplican, que no han faltado discípulos que acrecentaron el número de los perseguidores… Ni Judas le hubiera entregado sino hubiera sido del número de aquellos que  decían despreciando a Cristo: No existe salvación para él en Dios.

Si grito invocando al Señor. Es decir, no con la voz corporal, que se propaga con el estrépto del aire herido, sino con la voz del corazón que no se oye por los hombres, pero que suena a clamor para Dios. Con esta voz fue oída Susana, y con la misma mandó el Señor que se orase sin ruido en los aposentos, es decir, en los secretos del corazón.

Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene. Esto induce  a entender este salmo de la persona de Cristo. Pues esto más bien se adapta a la Pasión y Resurrección del Señor que a la historia en que se narra que David huyó de la presencia de su hijo, el cual le declaró la guerra. Dice en primera persona: Puedo acostarme y dormir y despertar, para demostrar que soportó la muerte por propia voluntad, conforme a aquello: Por eso me ama el Padre, porque yo doy mi vida para de nuevo tomarla. Nadie me la quita. Potestad tengo para darla y tengo potestad para volverla a tomar.

Cuantos se levantan contra mí. Puede entenderse este salmo, aplicado a la persona de Cristo, también de otra manera: hablando su todo. Digo su todo, hablando Él y su cuerpo, de quien es la cabeza, según dice el Apóstol: vosotros sois Cuerpo de Cristo y miembros, luego Él es la cabeza de su cuerpo. Luego habla a un mismo tiempo su cabeza y la Iglesia, establecida  por todo el orbe de la tierra entre las tempestades de las persecuciones.

Oración

Dios salvador nuestro, Tú escuchaste a tu Hijo la oración que te dirigió en medio de las afrentas y persecuciones de la Pasión, y le has dado la alegría y el triunfo de la Resurrección. Agradecemos que Cristo nos asocie a su oración de Hijo, para que pueda ser así la oración de la cabeza y de los miembros, y haz que podamos  tomar parte también en su muerte y en su Resurrección cada día.

 

Agustín Apaolaza O.S.B

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