La vocación

                    Pienso que este tema vocacional hay que tratarlo en un ambiente de oración. Solo la razón humana, el discurso humano, no es capaz de llegar a la profundidad de esta realidad.

Después del Vaticano II , la palabra vocación, abarca más que antes. Antes la palabra vocación se refería solo a la llamada a la vida religiosa y sacerdotal. En primer lugar, voy a intentar aclarar este punto: qué abarca el tema  de la vocación. Después, en secundo lugar echaré una mirada a la Biblia para descubrir en algunos personajes bíblicos qué es la vocación, y finalmente sacaremos algunas conclusiones.

 

1-Diversos niveles de vocación.

                a- La primera llamada (vocación) es la creación. En la creación Dios llama a la existencia: revela y vive su amor. Dios tiene sus planes con el hombre y la mujer (Gn 1,26-31). Dice el Papa Paulo VI en la Encíclica Populorum Progressio: “Toda vida es una vocación. Desde el nacimiento se concede a todos en germen, un conjunto de aptitudes y de cualidades, fruto de la educación recibida en el propio ambiente y del esfuerzo personal, permitirá a cada uno orientarse hacia el destino que propone el Creador. Dotado de inteligencia y de libertad, el hombre es responsable de su desarrollo, como lo es de su salvación. Ayudado, y alguna vez impedido, por quienes le educan y le rodean, cada uno es siempre, sean cualesquiera las influencias que recibe, el artífice del propio éxito o del propio fracaso” (PG,15).

El hombre en su libertad tiene un campo muy amplio para poder realizar esta llamada, esta vocación. El hombre desde la creación es llamado de manera especial a la comunión con Dios. He aquí lo que dice el Documento Conciliar Gaudium et Spes: “La razón más alta de la dignidad del hombre está en la vocación a la comunión con Dios” (GS, 19). El hombre puede hacer muchas cosas y progresar en su técnica y ciencias, pero lo más grande a que puede aspirar el hombre, es a vivir en comunión con Dios. Es la dignidad más grande. ¿No es grande esta vocación a la existencia? ¿Sabemos recordarla de vez en cuando?

 

  1. La llamada a la vida cristiana. Es decir, la vocación a vivir en Cristo y desde Cristo nuestra existencia: somos llamados a ser hijos/as de Dios. Tenemos la vocación de se amigos de Dios en Cristo y por medio de Cristo, en la fraternidad de la Iglesia (Ef 1,4-6; 2,19; 2 Tim1,9-10: Rom 8,28; Col 1,15; Dei Verbum, 2; Lumen Gentium,3).

Aquí habría que recordar la gran dignidad que hemos recibido el día de nuestro bautismo. Aquí está el núcleo central de la vocación cristiana: en el bautismo recibimos  la llamada y la vida nueva (2 Tim 1,9;  Heb 3,1; Rom 6,3-7; Col 2,12). No hay mayor vocación que la llamada a vivir la vida en Cristo. Ser cristiano es la llamada base de toda vocación. La vocación a la existencia en la creación es para preparar la vida en Cristo, y todas las demás formas de vocación son concreciones y vivencias de la vocación bautismal.

c- La llamada a la vida sacerdotal, religiosa. Son las formas vocacionales que llevan a su madurez las dos formas que hemos visto hasta ahora. La vida religiosa  es la forma de vida que sigue de cerca a Cristo (LG,43; PC,1). Y dentro de la vida religiosa hay diversas formas de vida que son concreciones de este seguimiento: la riqueza del misterio de Cristo es grande, y todas las diversas formas de vocación en la vida religiosa tienden a hacer realidad este riqueza. La vida sacerdotal hace también presente y actual el misterio de Cristo. Aquí habría que tratar también el matrimonio, sacramento que participa de la vida nueva de Cristo.

Con esto tenemos ya una orientación general de cómo se trata este tema después del Vaticano II. Hemos de mirar todo con una mirada amplia. La creación, nuestra existencia, es un gesto del amor de Dios, y es la base de la llamada a la vida cristiana y su concreción en las diversas formas de vida.

  1. Algunas figuras bíblicas en el A.y N. Testamento.

                En el A.T. Les hacemos algunas preguntas sobre la vocación: ¿Cómo viven? ¿Quién les ha llamado? ¿A qué les ha llamado? ¿Cómo han respondido? ¿En que son modelo para nosotros?

                a- La experiencia de Abrahán

                – Dios le ha hablado, y esa palabra se ha convertido en llamada, en vocación (Gn 12,1; 15,1; 17,19). La palabra de Dios es eficaz: realiza lo que dice (Gn1,3).

– ¿Qué es lo que pide Dios a Abrahán? Que deje su casa y su patria (Gn 12,1). La llamada de Dios llega hasta la existencia de Abrahán. Pero, al mismo tiempo, renueva la vida de Abrahán, y le hace capaz de dar el paso nuevo. La misma llamada tiene ese poder transformador.

                – ¿A qué llama Dios a Abrahán? Dios quiere formar su pueblo con Abrahán, el pueblo de Dios (Gn12,2): “De ti haré una nación grande”. Y todos los pueblos de la tierra serán bendecidos en Abrahán (Gn 12,3). Pero sobre todo, Dios llama a Abrahán a que sea su amigo: Y toda la vida de Abrahán será vivir en un diálogo con Dios. La alianza que Dios hace con Abrahán nos indica la amistad que se establece entre Dios y Abrahán (Gn 15,20; 17,1-26). Abrahán es amigo de Dios (Is 41,9).

¿Cómo ha sido la respuesta de Abrahán? “Marchó, pues, Abrahán como se lo había dicho Javé” (Gn 12,4). La llamada de Dios nos exige una renuncia. La llamada hecha a Abrahán tiene su fuente en el amor de Dios: no es proyecto humano, sino obra de la Providencia de Dios, y es para el bien de todo el mundo. Tiene que renunciar para ello, a la vida anterior, y tiene aprender a apoyarse sólo en Dios. El núcleo central de la vocación de Abrahán está en la amistad con Dios. Abrahán ha sido un solitario errante, pero verdadero amigo de Dios.

 

  1. La experiencia de Moisés. Es otra forma de vocación que nos puede ayudar a comprender y vivir la nuestra.

1º La llamada de Dios.

                La vocación de Moisés no se ha aclarado en un día. No es cosa de un día. Este es uno de los aspectos importantes de la vocación de Moisés. Podemos distinguir, por lo menos, tres etapas en la vocación de Moisés.

                – Moisés en Egipto (Hch 7,20-22; Ex 1-2). Ha recibido una enseñanza profunda, en especial, en lo que se refiere a la sabiduría en la tierra de Egipto, pero no ha tenido una relación profunda con sus compaisanos.

– Las cosas no le han salido como él  esperaba.  No ha sido aceptado por los suyos, los israelitas. Ha tenido que huir al extranjero (Hch 7,23-29). El dolor será un elemento que le hará madurar. Ha tenido que huir al desierto de Madián.

– Allí tiene la revelación de Javé. En Horeb, en la zarza se le ha aparecido Javé (Ex 3), y desde entonces, ya confía sólo en Dios. Este tiempo del desierto ha hecho madurar a Moisés. Pensaba que ya nadie se acordaba de él, y de repente Dios le llama por su nombre para enviarle a Egipto. Esta aparición de Javé le va a cambiar completamente. En adelante, no pretenderá liberar a Israel sólo con las fuerzas humanas. Le basta que sea colaborador de Dios.

La llamada de Dios tiene sus caminos. La vocación nunca es cosa de un día: Dios va actuando en nuestras vidas, haciendo que madure nuestra respuesta. La mano de Dios estaba en esta larga historia de Moisés. Dios le ha conducido a través de una vida concreta, con su amor. Era un proyecto de Dios en tres etapas.

 

2º- La vocación de Moisés ha sido para el servicio del pueblo.

El núcleo central de la vocación de Abrahán era poner su confianza en Dios, ser amigo de Dios. También esto vale para Moisés. Antes de ser enviado a liberar al pueblo, es necesario haber descubierto a Dios y su voluntad. Moisés tratará con Dios como con un amigo: “Javé hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo” (Ex 33,11).

Pero esta amistad con Dios le ha llevado a Moisés a un servicio a su pueblo. Para eso le ha llamado Dios. Su vida entera ha sido una preparación: 40 años en Egipto: 40 años en el desierto de Madián, y 40 años, los últimos, para el servicio de su pueblo

¿En qué ha servido Moisés al pueblo? ¿Cuál ha sido su servicio?

– El agua y el pan (Ex 15,22-27;16,1-36). Ha estado pendiente de las necesidades materiales del pueblo, y ha conseguido de Dios la ayuda.

– Ha aceptado la responsabilidad de las luchas de su pueblo. Ha ayudado al pueblo en las luchas concretas (Dt 1,12).

– Se ha esforzado en crear en su pueblo alegría y confianza en los momentos difíciles (Ex 14,13-14).

– Un gran servicio que presta al pueblo es su oración (Ex 17,11;32,31-32).

– Además, es servidor de la palabra de Dios a favor de su pueblo (Ex 19,3).

Moisés no se ha echado atrás en los momentos difíciles de su pueblo. Lleva muy  presente en su corazón la llamada de Dios, la vocación, su amistad con Dios, y sabe que Dios no le va a abandonar.: Le basta hacer lo que puede, lo poco que puede. Desde que ha recibido la llamada en el Horeb sabe para quién actúa: Aquí está el secreto de la vida de Moisés. Su vocación es proyecto de Dios, que dirige la historia.

Quisiera resumir brevemente las aspectos principales de la vocación de estos dos personajes bíblicos:

1º. La vocación es una manifestación del amor de Dios.

2º.Esta llamada Dios la manifiesta de alguna manera al que llama, generalmente por caminos distintos. Cada hombre tiene su camino especial.

3º. La base de la vocación de Abrahán y Moisés está en su amistad con Dios.

4º. La llamada de Dios no es sólo una palabra vacía: lleva consigo la fuerza de la respuesta.

5º. Estos personajes siempre buscan el bien de los demás, el amor a los demás. Esta dimensión es capaz de dar plenitud a la persona.

6º. La vocación es algo que va madurando durante largo tiempo. Se va realizando la amistad con Dios.

7º. Es una fe que supone una entrega total a los planes de Dios.

8º. La respuesta a la llamada de Dios supone renuncias.

 

En el NT.

Jesús da nueva luz y nueva fuerza a este tema de la vocación. La vocación en el Nuevo Testamento tiene las  mismas dimensiones  que en el A.T. Lo que cambia es que en el N.T. Jesús es el eje de la vocación: todo gira alrededor de Jesús. Es el que llama, y llama con mucha sencillez, sin grandes revelaciones, pero siempre con amor. Esta llamada de Jesús lleva consigo la fuerza del amor. En concreto, Jesús llama en primer lugar, a convivir  con ÉL, a su amistad, a seguirle. Pero lo mismo que en el A.T., Jesús llama para el servicio de los hombres. Algunos rasgos de esta llamada:

 

– Jesús llama al que quiere.

Tenemos el caso de la llamada de los apóstoles (Mc 1,16-19; 3,13-14). Ahora bien, para poder seguir a Jesús, hay que dejar siempre algo (Lc 9,57-62). Es necesario renunciar a algo, a las aspiraciones humanas, a las riquezas (Mc 10,20-21). Jesús llama a los primeros discípulos allí donde están trabajando (Mc 1,16-19; 2,14). Y les llama después de hablar con ellos, hablando a cada uno con amistad.

– A qué llama Jesús a los apóstoles. En primer lugar, a que sean sus amigos : tienen que que aprender a convivir con Él (Mc 3,14). Esta es la primera misión de los discípulos de Jesús, y aquí se fundamenta todo. El discípulo debe vivir la misma vida que el Maestro (Mt 10,16-25), y hace falta un aprendizaje.

En segundo lugar, los llama para proclamar la Buena Noticia que han experimentado en su encuentro con Jesús. Es el fruto de experiencia vital, y no lo que han aprendido en los libros.

La respuesta de los discípulos ha sido maravillosa, completa (Mc 1,18.20; 2,14).

– Después de la Resurrección de Jesús, el tema de la vocación ha adquirido una fuerza extraordinaria. En la Resurrección de Jesús, toda su vida y toda su predicación ha adquirido nuevo sentido. Ha aparecido que Dios estaba con Él, y que no era un fracasado. La Resurrección ha confirmado toda la vida de Jesús, y también la vocación de los apóstoles.

Pero sobre todo, lo que ha traído la Resurrección de Jesús a los apóstoles ha sido la fuerza y la convicción para realizar su misión de predicar la Buena Noticia de Jesús. Son testigos de la Resurrección de Jesús (Hch 1,8; 2,32; 10,42), por obra del Espíritu Santo, que han recibido como fruto de la Resurrección de Cristo (Hch 1,8). En especial, la vocación de San Pablo  tiene sus raíces en la Resurrección de Cristo (Hch 9,5; Gal 1,12-17).

 

Conclusión

Cuando hablamos de la vocación, o cuando andamos buscando nuestra forma de vida, creo que que es interesante tener en cuenta esta dimensión humana y cristiana  de la vocación. Cualquier forma de vida que emprendamos, tenemos que tener en cuenta que es un gesto del amor de Dios. La iniciativa la tiene Dios en su Providencia. En esto, el ejemplo de la vocación de Abrahán, de Moisés y de los apóstoles nos puede enseñar mucho.

Las circunstancias en que Dios llama son distintas en cada uno. Dios se vale de los medios humanos para llamarnos. No es raro encontrar vocaciones que han ido madurando como Moisés en los avatares de la vida. Es necesario respetar la manera de actuar d Dios.

Este gesto privilegiado de Dios es exigente: Nos exige ser continuadores de la obra de Dios, ser anunciadores de la Buena Noticia de Jesús. Pero, en primer lugar,

nos llama a ser amigos suyos, a vivir una amistad con Él, una amistad que da sentido a la vida.

En este tema de la vocación, insistiría en tres puntos:

– En primer lugar,  un discernimiento: ¿Qué es lo que quiere Dios de mí en este momento? ¿Qué forma de vida voy a escoger para vivir mi vida cristiana? Orar buscando, y buscar orando.

– En segundo lugar, decidirse. Una vez que en la etapa del discernimiento se ha visto, de alguna manera, la voluntad de Dios, hay que decidirse, sin esperar todas las seguridades.

– En tercer lugar, entregarse . Es la etapa que dura toda la vida. Es la alegría de vivir siguiendo el camino que he descubierto y que sé que es el camino que quiere Dios de mí.

Salmo 139 (138) para orar.

 

Agustín Apaolaza O.S.B

 

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